Almudena Ruíz y su emotivo inicio en el mundo del ciclismo

Aquel verano del 86, junto a su padre, dejó tal huella en la líder madrileña que no fue capaz de olvidar esa sensación de libertad encima de la bicicleta

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Mi padre nunca me llamaba por mi nombre de pila, incluso en sus últimos días, nunca me llamó ni Almudena, ni Deni, ni Almu. Mi padre siempre me llamó "Niña".

Era el primer día de ese verano en Pedroche, acabábamos de llegar de Madrid para pasar el mes de agosto y aquello prometía porque mi padre me llamó desde la calle diciéndome: Niña, el primo se ha dejado una bici en la casa de los otros abuelos, ¿quieres aprender a montar? Respondí con un sí rotundo y potente.

Mi madre, a la que todo le parecía una temeridad y siempre se preocupaba mucho, me advirtió que tuviese cuidado ya que podía ser peligroso. Pero yo ya estaba corriendo detrás de mi padre por la cuesta arriba. La bici de mi hermano era mucho más bonita, pero esta me quedaba perfecta de talla. Aunque tenía un pequeño fallo: solo tenía freno delantero, y eso, en un pueblo lleno de cuestas, no era buena idea.

Mi padre no era un hombre paciente para la mayoría de las cosas, pero siempre que se tratase de mí, no miraba el reloj. Nos pasamos en el enorme patio de la casa de mis abuelos toda la tarde. Él me decía: no dejes de pedalear que si no te caes. Hasta que al final, conseguí no caerme y atravesar el patio yo sola. Los moretones y costras de mis rodillas y codos al caer mil veces en el empedrado de las calles durante aquel verano demostraron a mis amigos de Madrid lo bien que me lo había pasado con mi bici prestada.

Sin embargo, mi primo ningún verano más se volvió a dejar la bici y a mí nunca me compraron una. Así que el tiempo pasó, crecí y me olvidé de la bici. Aunque no del todo. Seguí las andanzas de mi hermano, siempre pegado a un manillar, veía junto a mi hermana las grandes vueltas ciclistas en la tele, asistí en varias carreras a mi mejor amigo. El recuerdo de la velocidad, de la libertad, nunca se fue del todo.

Así que pasé de los 20, de los 30, y la crisis de los 40 llegó pisando bien fuerte. Varias veces vi a una chica, Cristina, poner quedadas en los foros del Facebook de Rivas. Quedadas de mujeres en bici. ¡Pero si ni siquiera tenía bici!

Un día mi marido, que, por cierto, también me llama Niña, me dijo que se iba a Málaga, que había encontrado una bici como la suya de segunda mano en Wallapop, pero de mi talla. Así que nos fuimos con los niños a Pedroche y él se fue desde allí a por mí bici. Esta vez sí tenía frenos traseros. Era una flecha plateada de la marca Mercedes. Y allí en las mismas calles empedradas de Pedroche, volví a montar en bici y la crisis de los 40, se esfumó.No dudé un segundo y al volver a Madrid, empecé a salir sola por las rutas cercanas a Rivas, el Campillo, la Aldehuela, la Marañosa.

Uno de esos días, Cristina Pulido publicó una nueva quedada. No miré ni dónde era, ni cuántos kilómetros eran, yo no tenía ni idea de lo que significaba eso del desnivel. Me apunté. 60 km a Chinchón. No conocía a nadie, iban con unas bicis impresionantes, con unas equipaciones impresionantes, con un ambiente impresionante. Volví llorando a casa, pero no de dolor ni de cansancio, de puro orgullo, de saberme capaz de conseguir lo que acababa de hacer.

Quedada por la Marañosa, Nos vamos a San Fernando, Ruta de los Calamares. Cada vez que podía, allí volvía. Me acogieron en Bikenow, me acogieron en Women In Bike. No podía creer que después de tantos años la bici me llenase tanto como aquel verano del 86.

El siguiente paso estaba claro: la bici de carretera. Nunca he sabido responder la eterna pregunta: ¿A quién quieres más a papá o a mamá?, ¿qué prefieres MTB o flaca? Por eso no quería prescindir de ninguna de ellas.

Varias personas me dijeron que debería ser líder de Women In Bike. Y la verdad, yo también quería con toda mi alma. Porque quería devolver todo lo que me estaban dando, quería acompañar en sus primeras rutas a nuevas mujeres, quería ver sus caras al conseguir sus retos, quería ser líder Women In Bike.

Mi padre ya no está, pero sé que se siente muy orgulloso de mí. Siempre que salgo con la bici, me acuerdo de él. Le apasionaba el campo y sobre todo cuando voy por los caminos de Pedroche que tantas veces él recorrió, siento que va a mi lado. Le apasionaba la carretera, le encantaba viajar con su Renault Clio y llevarnos a conocer rincones, así que cuando descubro carreteras nuevas, siento que va a mi lado. Y que me sigue diciendo: si dejas de pedalear, te caes, nunca dejes de pedalear.

Gracias a #WomenInBike nunca olvidaré lo que mi padre un día me enseñó y espero poder seguir devolviendo al destino lo que a mí se me ofreció: quedadas, rutas, risas, conversaciones, pedales, pinchazos, por qué no. Como dice una de mis chicas, más risas que kilómetros, de eso se trata Women In Bike. Esto no hay quien lo pare, porque las mujeres somos capaces de hacer lo que nos propongamos, porque las mujeres, juntas, somos más fuertes.

Almudena Ruíz 

 

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