Conoce el mundo del Gravel

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** Artículo escrito por David Galán, Brand Manager de Merida Bikes en España**

“David, a ti que te ha dado por esto del Gravel, ¿te apetece escribir un artículo sobre el tema?”. Esas fueron las palabras con las que me llegó esta atractiva oportunidad propuesta por la Real Federación Española de Ciclismo para tratar de acercar a todos los amantes de este deporte mi experiencia y visión como practicante de esta nueva modalidad.

El Gravel no entró hace demasiado tiempo en mi vida. Apenas hace tres años que comencé a practicarlo, lo que supone solo una pequeña parte de mis vivencias como ciclista. Hace ya casi 40 años desde que me subí por primera vez a un sillín y a lo largo de los mismos he ido alternando carretera, Cross Country, Enduro, Descenso y bicicletas fixies hasta dar ahora con el Gravel.

En qué consiste el Gravel

El Gravel nace del anhelo aventurero de aquellos ciclistas que deseaban combinar la carretera con rutas y pistas sin asfaltar con el fin de afrontar largas kilometradas y excursiones. Es fruto del deseo de quienes no querían que el tipo de bicicletas que montaras determinara el tipo de aventura que podías vivir. Así comenzaron a diseñarse las primeras bicicletas ideadas para satisfacer esta visión y con ello comenzó a crearse toda una especialidad ciclista.

Las bicicletas de Gravel tienen una geometría relativamente similar a las de las bicis de carretera de gran fondo, pero con ciertas adaptaciones en el cuadro y en las ruedas para poder ser empleadas fuera del asfalto. Suelen ser largas entre ejes, para ganar estabilidad; acostumbran a tener un puesto de mandos elevado; ángulos más relajados en la dirección; y, por supuesto, frenos de discos. La construcción del cuadro cuenta con una gran robustez, similar al de una BTT, y las cubiertas que montan suelen oscilar entre 700x35 y 700x40, aunque que existen infinidad de medidas y, sobre todo, de dibujos para estas.

Por tanto, su hábitat natural se encuentra en aquellas carreteras alejadas del tráfico, sin importar el estado de estas, en las pistas de grava y arena o en senderos sencillos y limpios de piedras o raíces.

Mi primera experiencia

Recuerdo perfectamente el primer día que monte sobre una bicicleta de Grave. Fue en el monte de El Pardo, en un test de producto de Merida. Hacía mucho tiempo que no montaba por caminos con una bicicleta de horquilla rígida, manillar estrecho, potencia un poco más larga, similar a la configuración que ofrecía el antiguo BTT. Los primeros metros de sendero despertaron los reflejos que, a base de muchos kilómetros y caídas, se habían grabado en mi durante mis primeros años de ciclista de montaña. Recuerdo como disfrute de esa ruta, por ese sendero estrecho, sinuoso, más o menos técnico y rápido, muy rápido, sorprendentemente rápido.

A partir de ese día se despertó mi curiosidad por el Gravel y empecé a seguir en distintas RRSS a grupos o personas relacionadas con este movimiento. Con el paso de los meses el gusanillo que se había despertado no hacía más que crecer, así que me decidí a dar el paso y comprarme una bici de Gravel. El resultado entre mis habituales compañeros de ruta fue muchas caras de sorpresa y alguna pregunta del tipo de “¿qué es eso de una Gravel?”.

Como ya tenía dos bicis, una de carretera y otra de BTT (doble de 120), y no podía tener otra más por espacio, economía y falta de tiempo para usar tanta bici, la solución fue decidir de cuál me deshacía. En ese momento hacía más carretera que BTT, así que la nominada fue la doble de 120 y no fue fácil la decisión, pues me gustaba mucho.

¿Ahora qué?

Los primeros cientos o miles de kilómetros fueron por caminos y senderos que conocía, los que llevaba años recorriendo con mi BTT. Unas veces en solitario, otras en compañía de amigos con bicicletas de montaña. Me sentía rápido, muy rápido, hacía tiempo que no conseguía copas en Strava por esas conocidas y recorridas rutas y de repente empezaron a caer. Según crecía mi confianza encima de mi nueva bicicleta, mejoraban mis tiempos en los tramos. Ver estos resultados en Strava, la aplicación que uso para monitorizar mi estado de forma y comparar mi rendimiento con el de los demás, me daban ganas de montar más.

Un paso más

Combinar carretera y caminos, no es algo nuevo, mucha gente lo hace, pero yo había dejado de hacerlo. Si quería montar en una zona a la que había que llegar haciendo más de 5-10 km por carretera cogía el coche, no mezclaba.

Ahora sí, como mi Gravel corre bien por asfalto, incluso con neumático taqueado, recorro esos 10-20-30 km por asfalto y luego hago mi ruta de montaña y me vuelvo a casa. Además, empecé a montar unas cubiertas de carretera a mi Gravel y después de varias rutas con la grupeta, infiltrado, con neumáticos de 30mm, la siguiente decisión fue, no por obvia, menos difícil. Le dije adiós también a mi bici de carretera y hola a un segundo juego de ruedas, así que ahora tengo 2 pares de zapatos, como siempre me ha gustado decir, para mi bicicleta de Gravel.

¿Algo más?

A través de las redes sociales, comenzaron a llegar a mí cientos de imágenes y vídeos sobre “bikepacking” que comenzaron a despertar en mí una nueva curiosidad. Movido por esa forma distinta de viajar, mezcla entre deporte, aventura, descubrimiento y turismo, busqué una semana libre en el calendario. Escudriñé las distintas webs y redes sociales en busca de inspiración, tuve una conversación con Álvaro (CABRI Lucha o revienta en youtube) y me dijo: “me gusta la idea, me apunto”. Finalmente, confirmamos la ruta, de su casa a la mía, Santander-Madrid.

Con la aplicación Komoot, preparamos un itinerario en 4 etapas (hubiera sido mejor en 5), combinando tramos por pista, carreteras secundarias, y singletracks como el del Cañón del Río Lobos.

La parte de la logística tampoco se queda atrás: ropa, alimentación, repuestos y herramientas electrónica, iluminación… Muchas cosas, muchas bolsas. Por suerte, las bolsas de bikepacking, modernas y los distintos anclajes que las bicis de GRAVEL suelen tener te permiten acoplar la carga muy bien a la bici (no como mis viejas alforjas) y apenas notas en la conducción los más de 20 kilos de bici. ¿La experiencia? Un éxito. ¿La organización? Fundamental. ¿La compañía? Marca la diferencia.

Aquello me gustó, me gustó mucho, y repetí en tres ocasiones más. Mismo formato, 4-6 días, bikepaking, dormir en hotel/hostal, ruta lineal o circular, combinando caminos y carreteras, esta vez con mi pareja, Ana. Muy recomendable y seguiremos repitiendo.

En resumen

Es difícil dar definición de qué es el Gravel, pero si tengo claro lo que ha supuesto para mí. Más allá de una modalidad de ciclismo, un tipo de bicicleta, más allá de todo, está la libertad. Libertad entendida como flexibilidad, como capacidad de adaptación, como posibilidad de variar el rumbo programado.

Hay tantos tipos de Gravel como ciclistas y estoy seguro de que dentro de cada ciclista hay un espacio para el Gravel. ¿Te apuntas?

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